domingo, 27 de octubre de 2013

De las luces de una no-ciudad

De las luces de un no-funeral
producido en un cuarto en forma de arte.

El arte en las luces,
las luces en el arte,
los colores en las luces,
las luces en los colores.
Chocan 
y rebotan en los espejos
y el agua
y los lentes de los anteojos de los miopes.

Nadie habría asegurado jamás que luces de colores en forma de puntos emocionarían hasta aguar el único lugar donde las luces solo encontraban un camino de ida: el suelo.
El cambio en los colores no reportaba cambio de ánimos. Todo se mezclaba en un éxtasis poco psicodélico obligándote a mirar en todas direcciones. Me fundí en un abrazo con las compañeras de vida que elegí ese día (y tantos otros días, repetidamente) sin poder contener el remolino de colores en mi mente.

El paso por el cuarto iluminado con luces de colores de Yayoi Kusama duró poco más de 15 segundos. Y en esas ocasiones se aprecia el arte de vivir, y la necesidad de la presencia interior de los colores para inundarnos o dejar de existir.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Vamos

Vamos.
Vamos que el viento se va.
Vamos que la hoja errante se va.
Vamos que la nube se va.

Vamos.
Vamos que la tumba del cantor se va.
Vamos que el fuego de la voz se va.
Vamos que el resonar del silencio se va.

Vamos.
Vamos que la luna se va.
Vamos que el sol se va.
Vamos que tu estrella se va.

Vamos, avanzad.
Vamos, avanzad que todo se va.
Vamos, avanzad que tu vida se va.
Vamos, avanzad que los compañeros se van.

Vamos.
Vamos que las estrellas se van.
Vamos que los cantantes se van.
Vamos que se van también tus ojos.

Avanzar sin pesar
sin dejarse pisar.
Avanzar sin sueños
del presente que está lejos.
Avanzar sin penas,
duras, mas nunca ajenas.
Porque tus penas son mis penas, hermano,
y tu dolor es mi dolor.
Gritad! Al son de mi clamor,
que avanzando iremos de la mano.

martes, 3 de septiembre de 2013

HUMO

Siempre que creo en tus ojos, deseo no hacerlo porque después no puedo ver.
Me lastima la retina verte echando esa nube pálida
desde tu cuerpo, saliendo por toda tu piel.
Es como una nube tóxica, un arma química,
que te hace desaparecer, por el humo que proyectás.
Te vendés a vos mismo como un diamante de pobre:
hermoso, brillante... y accesible,
pero en el momento que quiero conocer tu materialidad,
desaparecés.

... Y poco después, volvés,
envolvente, magnífico, embriagante,
con tus brazos en mi cintura y tu boca en mi oído.
Y me dejo llenar los pulmones de tu toxicidad
porque más no puedo.
Me nubla la mente aunque se que algo va mal
pero no puedo esperar de vos nada más.
Huyendo de la responsabilidad,
un beso que no se da,
que te llamo y no estás,
que te quiero conmigo y corrés hacia algo más.

Tu pierna en mi pierna,
tu nariz en mi cuello,
tus manos, ya no se
(y ya no quiero saber).
Caigo dormida, buscando no buscarte,
se que la impunidad se acaba con la luz del sol,
cuando escapás de aquel color
que te invade por completo y te llena de sabor
la boca, aunque te tapes los ojos y la voz.
Huís de nuevo hacia el gris, hacia la bruma,
perdés tu cuerpo y te volvés una sombra,
un gas, un dolor, el veneno de la cobra,
el aturdimiento, el ardor, la tortura.
Pero te compadezco en tu soledad acompañada
porque al final, vos sos el que elige la nada.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Lau

Hay días lindos y feos.
Hay días de sol, hay días nublados.
Hay gente que brilla en cada uno por separado,
pero ella no.
Ella hace brillar el mundo,
cuando este quiere brillar
y cuando su manto gris implacable se ciñe
sobre todo lo demás.
Con sus ojos claros, brillantes
como la piedra preciosa al sol que es.
Tiene unos ojos inquietantes e inquietos
que te abrazan en una ráfaga de color.
Pero sus abrazos reales te sostienn
cuando te estás por deshacer de dolor.
Toda ella te sostiene, toda ella te lleva a brillar.
Lo que te diga, jamás lo vas a poder olvidar
porque te bombean en los tímpanos sus palabras
como una pegadiza canción de jazz.

No habla, canta.
No grita, canta más fuerte.
No se ríe, armoniza.
No canta, emite su brillo de forma musical.

Tan hermosa que es imposible no amarla,
lleva el barrio en los labios, en la mente, en el alma.
Te canta canciones de cancha
y parece una burla
porque la dureza de la calle no ha podido con su dulzura,
la dulzura de su voz, de sus abrazos,
sus ojos, y de la música que se le escapa de las manos.