miércoles, 6 de abril de 2011

L=N

En una tarde de verano-otoño por las calles de esos barrios tan típicos de Buenos Aires, Félix va caminando. Buzo en mano, sin muchas preocupaciones, una sonrisa en los labios y una canción en la cabeza. No tararea, no corre, no salta, no se tambalea. Solo camina. Félix y la mente de Félix, como siempre.
Camina sin tener mucha idea de a dónde está yendo. En realidad, sabe hacia dónde se mueve, pero va variando su camino: Está yendo a su casa y está tomando algún camino alternativo, de esos que él se inventa cada vez que va volviendo de algún lado (y tiene ganas de caminar, o de pensar, o simplemente de olvidarse). Pero, en uno de esos descuidos por el hundimiento total en sus propios pensamientos, se pierde. Sin darse cuenta, se metió por una calle que no reconoce, al parecer con negocios muy nuevos, así que nada le es del todo familiar. Busca un cartel con el nombre de la calle, y no lo encuentra.
Encuentra el cartel de una de las calles que cortan la que él está caminando, pero igualmente no logra ubicarse. Se perdió, y no sabe bien qué hacer.
Y ese es el momento en que empieza a llover. Perdido y empapado, pero de buen humor. Félix sabe disfrutar como se debe de la lluvia, aunque a veces le resulte inoportuna, como en ese momento.
Continúa caminando, intentando no mojarse aún más (para no seguir empeorando su gripe), pero no tiene mucho éxito.
El cielo claro de la tarde de repente se había visto oscurecido por un nubarrón casi negro que cubrió el cielo e hizo anochecer de repente. Y Félix no lo había notado. Se dispone a esperar abajo de un toldo que no lo aísla muy bien de la lluvia, pero es algo...
Pasado el chaparrón, Félix comienza a caminar de nuevo. Baldosa floja: pantalón mojado. Un par de puteadas al aire y continúa, buscando alguna calle reconocible, pero ¡changos! todos los carteles están perdidos.
Y en una seguidilla de sucesos extraños, Félix patea una lata (¿o era una botella?) en el piso, la baldosa sobre la que se sostiene en ese momento cede un poco, resbala por la goma desgastada de sus zapatillas otro poco y acaba en el suelo, aún más empapado, y con un futuro moretón y actual dolor en los lugares donde el sol no lo abraza ni en los días de verano.
Pero, en vez de putear de nuevo al aire, Félix se ríe mientras comienza a levantarse. Sigue caminando, aún con una risita entre sus dientes, y reconoce la esquina. Ya logró ubicarse de nuevo, y prosigue su camino a casa, mientras continúa riéndose por lo cómico que debió haber sido verlo desde afuera. Y ahora, ya no volverá a perderse. Porque eso es lo que Félix hace: camina, se pierde en un descuido, llueve, sonríe, se cae, se ríe, se vuelve a levantar, sigue, y llega... y, sin olvidar lo que aprendió, continúa riendo felizmente.

angelitos

A ellas

Es que quizás ustedes lo entiendan
y yo nunca lo voy a entender
cómo las cosas metamorfosean
hasta cierta estabilidad
Pero me gusta cómo las hojas cayeron y los vientos soplaron y los pájaros volaron
... y como sus neuronas con las mías se enlazaron
Porque son de las más bonitas
de las más coquetas
de las más juguetonas
(por no llamarlas de otro modo)
Porque alejan tormentas con sus respiros
y me muestran sus dientes, y gritan, tan contagioso...
Porque son mi coro de ángeles danzantes
(pero no lo digo muy seguido)
Yo no lo entiendo, bonitas,
y nunca creo que lo pueda entender
pero ahí,
debajo de la mesa,
en nuestro propio mundo,
en nuestra oscuridad natural,
en nuestro lime propio
bajo la luna
bajo el techo
bajo el mantel
con las flores
con el metal
con las risas
ahí
ahí abajo
donde a veces todo es aislamiento
ahí
ahí abajo
con ustedes
siempre
se hace de día

miércoles, 9 de marzo de 2011

Hombres conociendo la solidaridad y el respeto, mujeres conociendo la independencia y la voluntad.

"La mujer obrera representa un gran papel en el acercamiento entre los obreros y los soldados. Más audazmente que el hombre, penetra en las filas de los soldados, coge con sus manos los fusiles, implora, casi ordena: 'Desviad las bayonetas... y venid con nosotros.'
Los soldados se conmueven, se avergüenzan, se miran inquietos, vacilan; uno de ellos se decide: las bayonetas desaparecen, las filas se abren, estremece el aire un hurra entusiasta y
agradecido; los soldados se ven rodeados de gente que discute, increpa e incita: la revolución ha dado otro paso hacia adelante"
.

(Historia de la Revolución Rusa, León Trotsky)


Mujer: -“Antes a las protestas iban poquitas mujeres. Los maridos no nos dejaban. Y ahora hemos llenado la plaza, hemos encabezado manifestaciones, nos hemos enfrentado a la policía. ¿Se da cuenta?Periodista: -“Pero Egipto sigue siendo un país patriarcal, machista...Mujer: -“Claro, y lo seguirá siendo un tiempo más. Pero algo grande ha cambiado aquí. Cuando usted ha vivido presa, presa en su propia casa, y prueba la libertad... ese saborcito no se olvida. Las mujeres egipcias ya no volveremos a ser las mismas, se lo aseguro. Cuando vuelva con mis hijos, les contaré. No lo van a creer. Pero yo lo vi, yo lo viví. Ya nada volverá a ser como antes.
Alaa al Aswany dijo: La revolución hace mejores a las personas.

viernes, 18 de febrero de 2011

Tobogán de primavera

Ana va caminando por la avenida más importante que cruza su barrio, mientras pone Blur en su mp3 y piensa en que ella es una persona primavera, como ella le llamaba: siempre se vestía relajada, cómoda y, preferentemente, fresca, pero solo lo justo (a veces le gustaba agarrar uno de sus saquitos de colores y ponérselo cuando ya caía el sol). Amaba las tardes de temperatura agradable y salía a caminar para despejar su mente.
No había estado en su casa en todo el día, estaba cansada de ese lugar: Estaba llena de idiotas. Se había olvidado el celular, así que solamente había vagado por las casas de sus amigos sin fin y sin avisarles previamente. Pero ahora debía volver, en un rato (bastante largo igual) iba a hacerse de noche y no quería que su mamá neurótica llamara a la policía para que la buscaran enfermamente por las calles de Villa Urquiza, así que prefería no meterse en quilombos.
Ya no sabía bien qué hacer, pero seguía sin ganas de ir a su casa, y todavía le daba el tiempo para dar una vuelta más por el barrio.
Caminó por la zona más poblada, haciéndose la que miraba vidrieras, aborreciendo a todas las mujeres que se cruzaba por cómo la miraban por tener una remera cortada con la imagen de una banana, un jean hecho bermuda muy gastado que le hacía una linda cola y unas alpargatas que ya estaban por caducar. Pelo castaño corto desmechado, unas ojeras sutilmente disimuladas por el delineador, unos anteojos cuadrados de marco cuadriculado. Un cigarrillo entre sus labios le daba el toque final. Y sí, era entendible que todas esas mujeres que caminaban por Triunvirato la miraran tan mal. Pero a Ana no le importaba demasiado.
Se desvió de Triunvirato y se metió por una de esas calles de cuyo nombre no tengo idea, que solamente una persona del barrio puede recorrer y no perderse. Caminó, caminó, segura en su paso pero buscando en su cabeza algún lugar a donde pudiera ir.
Dobló un par de veces, dio un par de vueltas, y terminó donde solía terminar: la plaza.
No tenía mucha idea de por qué había ido ahí pero tampoco se puso a pensarlo. Quizá se encontraba con alguien, quién sabe.
Y ahí estaba él, el pibe Facu, el típico indie actual que compone sus canciones y tiene cuatro bandas a la vez. Sentado en un cantero, guitarra en mano y un vino de un lado; una imagen habitual de la plaza en tiempos de primavera y verano.
Ella se acercó, lo saludó. Él la miró y sonrió.
- Así que escuchaste los mensajes que te dejé, ¿eh?
- ... No. Salí de casa temprano, ya sabés, lo de siempre, y dejé el celular.
- Ah... Es que te llamé un par de veces
- ¿Pasaba algo?
- No, nada importante
Y continuaron charlando mientras tomaban vino. El viento soplaba en la placita mientras el sol caía de a poco. El olor de las flores en la nariz de Ana sumado al gusto del vino en su boca le hizo pensar en lo mucho que le gustaba esa época del año: ¡estaba tan hecha para eso! Y Facu sentía lo mismo. Él también era un chico primavera.
Después de charlar un rato, Facu empezó a tocar la guitarra. Ana estaba tan relajada y pacífica que no lo creía. Fue en el momento en que Facu cantó "Wandering lost in a town full of frowns. Sad, drunk and poorly. Dogs digging up the ground" que a ella se le vino el mundo encima y sintió la primavera fluyendo desde Facu.
Dejó la canción terminar, y quedaron en silencio. Ana no podía abrir la boca. Cuando quiso hacerlo, no alcanzó a decir nada que apareció la mamá de Ana. Gritando, escandalizada, con un policía atrás de ella.
Claro, la boluda de Ana no se había dado cuenta y ya era de noche, y sus temores se habían cumplido. La mamá de Ana insultó a Facu mientras Ana seguía en shock, pero tuvo la reacción suficiente para interponerse entre el policía y Facu cuando su mamá neurótica le dijo al uniformado que se llevara a ese "pendejo drogadicto". Al final, simplemente Ana volvió a su casa en patrullero con su mamá, y ninguna dijo nada en el trayecto. Pero el silencio de su mamá era un anuncio de lo que le esperaba en casa. El silencio de Ana era simplemente una expresión de odio.
Subieron las escaleras mientras su mamá volvía a hacer un escándalo. Ana no decía nada. Se limitó a subir a su cuarto, conectar su mp3 a los parlantes y ponerse a escuchar el disco Blur de nuevo. Y repetía la canción 7 una y otra vez.
Cuando agarró su celular, vio 20 llamadas perdidas y 2 mensajes de voz. "Facu (14) -todas luego del mediodía, seguidas-, Mama (6)" marcaba el visor. Escuchó los mensajes de voz, ambos de Facu diciéndole que iba a la plaza a tomar vino y tocar la guitarra, que si quería, que fuera.
Mandó un único mensaje en toda la noche, aunque no pudo dormir. "Perdón por todo. Gracias por la primavera!". Él no contestó. Sin dudas pensó que no tenía más crédito, pobre, sino hubiera insistido más en las llamadas.
Al otro día volvió a ir a la plaza. Facu no estaba.
Lo llamó, y no atendía.

Facu tampoco pudo dormir en toda aquella noche. Cuando vio el mensaje de Ana, ya estaba por Campana. Quiso responder pero, ¿cómo le iba a decir por mensaje que se estaba yendo a vivir muy muy lejos de la plaza? Cuando llegara la iba a llamar.
Aquella noche, en ambas escenas sonaba la misma canción: la 7 del disco "Blur". Cursi, sí, pero tenía sentido. Ambos habían quedado manijas de esa canción, y la repitieron infinitas veces esa noche.
Pero como era un drogado, colgó con llamarla. Y cuando se acordó, no tuvo huevos.